La pandilla de dividió. Se quedaron solas la maciza del bikini negro y la rellenita. Cuando se tumbaban no las podía ver bien y me preguntaba si estarían tomando el sol en topless. Pero que va. No les gustaba tomar el sol. Mas bien charlaban a menudo sentadas.

De vez en cuando ellas también miraban y a veces se cruzaban nuestras miradas. Y como yo a esas alturas tampoco me ocultaba mucho, supongo que algo verían.

Me decidí a darme el último baño antes de partir para Barcelona. No fue mejor que antes. Había oído que lo peor son los primeros quince minutos y que luego te acostumbras. Pues bueno, acostumbrarme creo que podría acostumbrarme aunque no se si los otros bañistas se acostumbrarían a mi pito.

Supongo que al principio estarás obsesionado con lo que puedan ver pero al final te dices que vean lo que quieran y que disfruten.

Llegó una treintañera bastante maciza, fue decidida al borde de la playa, plantó la toalla y en un plis plas estaba en pelotas y dirigiéndose al agua. Se dio un chapuzón y oh Dios! No solo estaba muy buena, sino que estaba totalmente depilada.