Las chavalillas decidieron levantar el campamento. Se vistieron y se marcharon. Ni siquiera tuvieron la delicadeza de cambiarse oh! Yo estaba de culo y las seguía con la mirada. Ellas se paraban y volvían a andar. Al final pasaron como a unos veinte metros.
Yo no estaba seguro de si me habían estado mirando o mi imaginación me jugaba una mala pasada. Lo cierto es que ellas parecían dubitativas y no acababan de arrancar. Así que en un pronto exhibicionista me coloqué de lado para “saludarlas” de tal forma que si querían podían mirar bien. Ellas se volvieron a detener de espaldas y cuchicheaban y se reían. Luego reiniciaron la marcha y las perdí de vista.

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